martes, 13 de noviembre de 2012

The Boxer

Existen esa clase de películas que se basan en el peso específico de sus protagonistas. Si a eso le agregamos un guión (la parte fundamental de cualquier historia, en mi opinión) entre correcto y bueno más un contexto seductor, seguramente logremos una aceptable película. Ahora, si damos un salto de calidad en todos esos aspectos, el resultado final dará un atractivo largometraje: este es el caso de The Boxer (Golpe a la vida) que se desplaza el cuadrilátero, entre el deporte, el terrorismo y la pasión; dispuesto a dar pelea en todos esos frentes de la mano de uno de los mejores actores de los últimos veinte años.

Luego de pasar 14 años de prisión por estar involucrado con el IRA, Danny Flynn (Daniel Day-Lewis), un prometedor boxeador, es liberado. Ya con 32 años a cuestas, nada está como lo había dejado: su novia, Maggie (Emily Watson) se ha casado y tuvo un hijo; su entrenador, Ike (Ken Stott), cayó en el alcoholismo; y el gimnasio donde solía entrenar se convirtió en un centro social. Pese a los “consejos” que recibió de irse de Belfast, él piensa en rehacer su vida y recuperar lo que es suyo. Decidido a vivir un nuevo presente, será su pasado el que no lo deje libre tan fácilmente.

Daniel Day-Lewis es un bicho raro del mundo del cine. Es conocido por entregarse un 100% en sus papeles, como cuando vivió meses en un centro médico para discapacitados, preparándose para Mi pie izquierdo y aprendiendo de los pacientes, o cuando exigió no ser tratado por una neumonía durante el rodaje Pandillas de Nueva York, ya que en el S. XIX (época en la que está ambientada el film de Scorsese) no había medicamentos para ello. Su método genera cierta rispidez en sus colegas, como también el hecho de que, mientras muchos veteranos, ya consagrados, aceptan cinco papeles por año (de los cuales, con suerte, uno supera la mediocridad) regalando su prestigio, Daniel prefiere tomarse su tiempo, paseando en moto o dedicándose a la carpintería, y evaluar minuciosamente los guiones que le envían.

Esto no significa que las estrellas no puedan equivocarse con sus elecciones, de vez en cuando. El problema es cuando lo hacen asiduamente y no parece importarles. A mí me despierta admiración la actitud profesional, tanto dentro o fuera del set de filmación, de Day-Lewis y prefiero tomar su ejemplo que él de otros. Su filmografía es testigo de pequeñas manchas, dentro de un currículum sumamente respetable y muy bien cuidado. Su compromiso y entrega en la tercera obra que realiza junto al director Jim Sheridan, acompañado por la talentosísima Emily Watson y el noble papel que interpreta Ken Stott, es lo mejor de la cinta.

Desde su personaje, podemos entender el símbolo que quiere encarnar, de libertad y tolerancia. Contradictoriamente a su premisa, el medio para extinguir la violencia es el boxeo, un deporte duro y algo salvaje (mucho más en el pasado, que ahora), la única salida para mucho de los chicos que viven allí. En busca de la paz, tanto personal como para su pueblo, nos interiorizamos en esta cruda y desgarradora historia gracias a las cualidades del protagonista.

Seguramente The Boxer no sea la mejor película sobre boxeo, pero por el contexto político-histórico en que está situada y ciertas situaciones que denuncia, tanto del deporte (la brutalidad de 15 rounds o el poco hábito para el K.O. técnico), la importancia de la religión en Irlanda (católicos contra protestantes) o el sufrimiento constante de las mujeres de los presos, sumados a la categoría de su actor principal, la hacen una obra muy interesante.

Ficha Técnica

Reparto: Daniel Day-Lewis – Emily Watson – Ken Stott – Brian Cox.
Director: Jim Sheridan.
Año: 1997.
Duración: 112 minutos.
Calificación El Guionista: 7.
Películas por catálogo: incluida.

Tráiler para Cine

2 comentarios:

  1. donde dice "religiosos contra protestantes" debiò decirse catòlicos contra protestantes, ambas sectas son religiosas

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  2. Muchas gracias por la corrección, amigo anónimo. Eso fue lo que quise poner desde un principio pero, claramente, me equivoqué.

    ¡Saludos!

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